lunes, 30 de abril de 2012

Pretendo
impulsarme
por medio
de culpas
geométricas
que no me dejan
cazar ideas.

And here's to you, Mrs. Robinson...

Jamás se sintió sexy. Jamás sintió esa necesidad de comunicar el deseo por medio de labios superpuestos o de miradas de medio lado. Siempre asoció lo sexy con todo menos una figura humana, mucho menos una femenina.  Prefería tener que sonrojarse por culpa de un bajo que componía la cloumna vertebral de un funk o la percusión de algún ritmo progresivo; incluso la guitarra pellizcada y manoseada por cualquiera de los grandes.  Sí, sí, así, sutil pero sin llegar al sexo (distinto que llegar al clímax).  "No hay necesidad de buscar frenéticamente a otro ser humano para que te haga sentir deseada como lo logra una fina armonización que te penetra en todos los niveles, sin perdonar espacio alguno.  A mí que me penetren así.  Entre menos tangible la cosa, mayor el nivel".
Jamás le interesó gatear detrás de un pelagato existencialista  que alegara escuchar Pink Floyd o Morrison a todo volumen y guiarlo en su decadencia sin fundamentos.  "No, nada de eso, tus palabras se vuelven polvo en tus labios apenas las muscitas, folclórico forzado que desvive para poder vivir".  Eso no le movía la aguja.  A morir con escrúpulos a otra parte.
Lester Bangs la tenía clara cuando decía que prefería a The Guess Who. "¿The Doors? ¿Jim Morrison? Es un bufón ebrio, posando como poeta.  Dame The Guess Who...tienen el coraje para ser bufones ebrios, lo que los hace poéticos.  ¡Dame un poco de White Light/white Heat!".  Denme luz y calentura blanca, nunca es demasiado temprano para alborotarle la inminente resaca a Jim con un grupo más valiente y menos encuerado...y, sobre todo, capaz de darle la cara a su público.  ¿Cómo osas ser un lagarto sin dejarte ver las escamas y tu lengua ruidosa en todo tu esplendor?
Jamás bebió de la fuente de gaminería nihilista...ese deambular por ahí sin tener un cono consciente de la existencia del otro...nada sexy, nada.  Es más sexy la pereza, el desespero, el dolor, la rabia y angustia que se siente cuando se pierde el tiempo con motivos.  Jamás bebió.  Punto.

viernes, 20 de abril de 2012

Cero y van dos


Un día cualquiera hace menos de un año:

No quiero depender de los números para saber que algo anda mal en mi sistema.
Nadie sabe qué pasa. Es como el caso de Lorenzo's Oil, pero no tan extremista, ni tan lleno de ciencia italiana.
Tan sólo vamos a martes en la noche y hoy no quiero ser optimista y pensar que el día ya acabó y es prácticamente miércoles.
Quiero comer cantidades descomunales de chocolate mientras pienso en lo que debo/puedo/quiero hacer y mezclarlos todos (con el chocolate también, por qué no) y no sentir responsabilidad alguna. Pero hace poco recibí lo que llaman los gringos un heads up, término que me encanta por su literariedad (por eso reemplazo el castellano). Este llamado de alerta, por así decirlo, contenía lo que hoy en día llaman "tomar conciencia" o "tomar las riendas" de lo que acontece en mi vida actualmente. Sueno como un noticiero, pero tal vez así deba tratarme. Como un noticiero en el que los queridos compatriotas admiten tener que ajuiciarse y hacer algo al respecto, en vez de hablar de los demás como personas completamente ajenas a ellos. Ellos, yo, nosotros...en últimas, ¡ja!

lunes, 28 de marzo de 2011

Amnesiac

Para los que piden honestidad en fuentes y diseños y colores de blogs llenos y vacíos y mitad llenos y mitad vacíos, hay que admitir que poco a poco dejan su atractivo a un lado muchos elementos cotidianos al completar finalmente el combo (máquina de escribir) Brother + audífonos. Ya necesito un sonido constante, como el relojero y su tic-tac, pero con la Brother, clamando una misericordia mentirosa.  Admito también que encontré un nuevo hobby, no una arritmia como "La vuelta al día en ochenta mundos", pero algo estructuralmente por el estilo. Y Amnesiac ayuda. Sobre todo cuando se cazan osos, se admite poder estar equivocado, se sacan los cuchillos y se gira como platos.
Un nuevo sentido ha sido otorgado, no a aquellos que viven mirando al piso, sino que lo hacen con ese tic-tac constante.  Hay también aquellos que optan por esconderse y tic-tac, adentro, entre maderas y cerámicas y capas de excusas que aíslan todo y minimalizan sus contenidos.
Quiero chocolate.  Siempre quiero chocolate...pero sobre todo cuando escribo cualquier cosa.
Beck me gusta, pero sólo hasta ahí, hasta donde tiene alcance su nombre; pero lo poco y corto y monosilábico que me gusta es en vastas cantidades.  Como The Blower's Daughter y su sencillez de contenido y diseño, algunas notas tristemente aporreadas en el piano y guitarra han logrado ilustrar recovecos en mi cabeza, pero desde un sueño hacia la realidad; todo como en una película noir, donde todo se narra al revés.  Pero aquí no hay femme fatale que habite rincones oscuramente sensuales y desconfiados.  Necesito que llueva cuando suena Life in a Glass House. Si los libros se pudieran hacer a punta de stream of consciousness sería todo mucho más fácil, pero complicado contraste hallamos.

747.

No es un tren de juguete ni un tren de metal.
No es un tren con horario ni tren al azar.
No tiene ruedas ni llantas ni sólida fachada.
No hace ruido ni humo suelta.
Pero anda.
No sólo anda...vuelve. Siempre pasa, siempre recoge, siempre deja, no abandona, no anda, no nada.

lunes, 18 de octubre de 2010

Peso Neto: +3kg.

(Ya cumplí años y todo).
Pienso deliberadamente en no pertenecer a nada que merezca reconocimiento. Como hoy, en el que no me quiero sentir parte de un mundo en el que no haya un momento de descualquierismo y nos echemos todos a dormir. Nunca antes había valorado este sencillo acto, pero seguramente los festivos son los que me ponen así. Menos mal este semestre hay pocos.
La insatisfacción no me produce tristeza, sino curiosidad. Y la inutilidad, carisma. 
Pego una cara encima de la cara de alguien más, en revistas, en páginas, en películas, en fotos de gente conocida. Me miro las manos y deseo ser zurda de nuevo. Cierro los ojos y hago como si entendiera que mi cara puede fundirse en rostros ajenos que no detestan ciertas cosas. Como las fresas. Detesto no querer las fresas. Y al detestar esto, las detesto aún más por existir y estar en todas partes, clavadas como tomates en ambientes agridulces. 
Pero y bien...hoy desisto de intentar gustarles.
Creo que me gusta emborrachar gente y acolitarles sus bobadas. Creo que necesito sentarme al lado de un chamán "de esos que valen la pena", como oí decir anoche a alguien que creía saber mucho del tema, pero lo único que disfruta en la vida es vomitar repentinamente a punta de Yagé. Esos borrachos si no me gustan.

martes, 7 de septiembre de 2010

&&&


Pensar.
Pensar que tengo una caja de té verde que prometí consumir hasta el último aliento, sin importar mi odio hacia su sabor. Pensar que los post-its que he pegado frenéticamente a mis paredes, muebles y techos ya carecen de pegante, color, sentido, pero no significado. Pensar que soy la stalker número uno de alguien que, a mi parecer, habla con la verdad de casi todo lo que pienso que ocurre con el mundo (pero no sabe que existo y temo que si me conoce, me odiraría). Pensar en que no he leído ni la primera fotocopia de mi clase de Filosofía Antigua y eso lo sabemos usted y yo. Pensar que tengo que deshacerme de un mueble que pedí prestado hace mucho tiempo a alguien que ya no me quiere y seguramente querrá su pedazo de mimbre que tan feliz me hace. Pensar que estoy escuchando un partido de Colombia vs México en mi TV con la señal lluviosa y el audio inclinado hacia un parlante. Pensar que romperle un poco el corazón a alguien a veces es cuestión de salir o entrar a una clase y no notar su presencia. Pensar que la bachata en realidad tiene sus encantos, al menos musicalmente. Pensar que debo aceptar de una vez por todas que mi pelo no volverá a crecer hasta que algo radicalmente fuerte suceda en mi vida (entonces ando husmeando por algunos rincones a ver qué podría llegar a suceder[me]). Pensar que de repente quiero deshacerme de las pecas de mis cachetes y heredar las que invaden tan sensualmente el pecho y la espalda de mi mamá. Pensar que lo único que quiero en este momento es irme a mi tierrita. Pensar que esta ciudad está cada vez más llena de engaños y que me espero una zancadilla hasta en la esquina de mi casa. Pensar que es la ausencia del chocolate lo que me tiene con tanto enredo en la cabeza (sin aludir a una condición incomprendible o un indicio de locura; no creo en eso): moño disfrazado de nudo, nudo disfrazado de moño. Punto-cadeneta-punto.